¿"Revolución de los Libres del Sur" o "Rebelión de los estancieros?"

 El pasado 7 de noviembre se cumplieron 183 años de la llamada "Revolución de los Libres del Sur" y de la supuesta "Batalla de Chascomús " que en realidad no pasó de ser una simple revuelta, una farsa de los estancieros que proclamaban "Libertad" pero que sólo pretendían seguir obteniendo ganancias sin pagar rentas por las tierras que estaban usufructuando.

 Contexto histórico

1839 no fue un año fácil para el Restaurador. Parece increíble que tantos ataques de diversos frentes no sólo no lograron doblegarlo, sino que, por el contrario, acrecentaron su prestigio y consolidaron su poder con el apoyo de las masas populares. 


Hacía un año que la Confederación soportaba las nefastas consecuencias que trajo para la economía el bloqueo francés al puerto de Buenos Aires, además de un estado de permanente vigilancia hacia la Confederación Peruano-Boliviana en alianza con Francia y en guerra contra Chile desde 1836. 

El bloqueo francés suscitó una gran disconformidad en la clase alta, disgustada por la falta de mercaderías extranjeras (Mariquita Sánchez de Thompson se quejaba por "la falta de jabones de olor en la ciudad") mientras que el pueblo soportó estoicamente apoyando al Restaurador. 

La ciudad de Montevideo se convirtió en base de operaciones contra el gobierno de Buenos Aires. Los franceses financiaron una revolución apoyando a Fructuoso Rivera contra Manuel Oribe.

Martín García estaba a punto de ser tomada por las tropas francesas, la intimación por parte del Comandante Daguenet al Teniente Coronel de Infantería Jerónimo Costa, a cargo del gobierno de la isla, fue rechazada y tanto Costa como el Sargento Mayor de Marina Juan Bautista Thorne, ambos veteranos de la guerra con el Brasil, defendieron heróicamente su posición hasta las últimas consecuencias, no pudiendo evitar el desembarco francés y la apropiación de la isla . 



Monumento homenaje a Jerónimo Costa en isla Martín García, camino al antiguo muelle y placa del Instituto Nacional de Investigaciones Juan Manuel de Rosas.


Mientras tanto, en Buenos Aires, se preparaba una conspiración cuyo único fin era asesinar al gobernador Juan Manuel de Rosas. Enorme debe haber sido la desolación del Restaurador al saber que el principal conspirador era Ramón Maza, hijo de su amigo personal y Presidente de la Junta de Representantes Manuel Vicente Maza, y sobrino político, casado con Rosa Fuentes Arguibel, cuñada de Juan, su hijo. Lo que los jóvenes conjurados no sabían era que Don Juan Manuel estaba enterado de la traición y de que su vida corría peligro, porque la conspiración era un secreto a viva voz. 

Los hechos se desencadenan 

La sublevación de los estancieros del sur fue consecuencia directa del bloqueo francés.  El principal problema que Juan Manuel de Rosas debió enfrentar por aquellos tiempos fue la falta de recaudación fiscal de la aduana. La situación económica empeoraba más y más. Era necesario cobrar los cánones de la enfiteusis rivadaviana. La Ley de Enfiteusis había sido sancionada en 1826 como garantía del empréstito Baring Brothers de Londres, que había hipotecado todas las tierras y bienes públicos del país, prohibiendo su enajenación pero permitiendo su arrendamiento contra el pago de un cánon. El problema fue que el monto de los cánones lo fijaban los mismos enfiteutas, por lo que el valor era irrisorio e incluso, en muchos casos, ni siquiera se pagaba. 

 Como era de esperarse, los hacendados se negaron al pago de la deuda, por lo que Rosas decidió la venta de las tierras públicas. La rebelión comienza a organizarse. Los estancieros creian contar con el apoyo de la escuadra francesa en Montevideo, con el de Juan Lavalle y sus tropas que esperaban desembarcase en las cercanías de San Clemente del Tuyú, y con el triunfo de los Maza, que planeaban el asesinato del legítimo gobernador. Pero no sólo el plan de los Maza fracasó sino que la ayuda de Juan Galo tampoco llegó. Una vez más "la espada sin cabeza" había sido utilizada para proclamarse en contra del gobierno de su enemigo y "hermano de leche" Juan Manuel de Rosas. Tras su desembarco en Entre Ríos conducido por la flota francesa, llega a Merlo en las inmediaciones de Buenos Aires y al ver que no cuenta con el apoyo popular esperado decide huir hacia el norte. Los estancieros habían quedado solos con sus pretensiones. 


La rebelión comenzó con una proclama en la vecina ciudad de Dolores, el 29 de octubre de 1839. Los estancieros del Sur del Río Salado, comandados por Pedro Castelli y Ambrosio Cramer, ex soldados del ejército de San Martín, devenidos en terratenientes, se levantaron contra la autoridad del Restaurador. Los mismos que antes lo apoyaron: Ortíz Lastra, Anselmo Sáenz Valiente, Juan Ramón Ezeiza, Manuel Rico, Tiburcio Lenz, Francisco Ramos Mejía, entre otros. 

Ambrocio Crámer Duroc. Coronel de Napoleón Bonaparte.

                Cuadro de los Libres del Sur
                del Museo Pampeano, Chascomús

Pedro Castelli se encargó de reunir a la peonada. La única manera de que aquellos gauchos federales rosistas, se sumaran a la revuelta era por medio del engaño. Valiéndose de las distancias y la dificultad en las comunicaciones, se corrió el rumor de que el gobernador Juan Manuel de Rosas había sido asesinado en Buenos Aires y que había que salir a defender el Gobierno de la Confederación. 

La realidad fue que desde Azul y Tapalqué se preparó la acción de represión contra los sublevados. Al producirse el llamado "Grito de Dolores", Nicolás Granada, comandante de las divisiones del sur, notificó el suceso a Vicente González "Carancho del Monte" y a Prudencio Ortíz de Rosas, entonces en Azul. Paradójicamente el Restaurador tenía un hermano aliado (Prudencio) y otro, Gervasio "el cardo"  implicado en la insurrección.


            Prudencio Ortíz de Rosas


En la mañana del 7 de noviembre, a orillas de la laguna, se produjo el encuentro de las tropas federales al mando de Prudencio Ortíz de Rosas y la de los peones rurales al mando de Castelli, Manuel Leoncio Rico, Ambrosio Cramer y Ortíz Lastra. El resultado no podía ser otro, cuando los gauchos vieron que quien se aproximaba no era ningún jefe unitario, como se les había dicho, sino el mismísimo hermano del querido Restaurador, se negaron a pelear, retrocedieron y se desbandaron. Por lo tanto no podemos hablar ni de una batalla ni mucho menos de una revolución, más bien se trató de una acción o un pequeño combate, no más que eso.  

El resultado fue el esperable y el castigo también. Crámer murió apenas comenzada la batalla. Pedro Castelli fue pasado a degüello y su cabeza expuesta en una plaza de la ciudad de Dolores. La orden del gobernador había sido clara, que no se ejecute a ningún gaucho ni peón, solo a los cabecillas de la revuelta. Juan Manuel era un hombre justo. Su hermano Gervasio logra salvarse gracias a la intercesión de su madre Agustina López Osornio y se exilia en Montevideo. 

"El principal cabecilla motinero salvaje unitario Pedro Castelli había sido encontrado en una isleta de Monte, en la estancia de Acosta, y habiéndose resistido a entregarse, fue necesario matarle, y cortarle la cabeza que me fue presentada. La que reconocida por mí (...) la remite el general que firma a Dolores, para que el comandante político y militar de ese pueblo, lugar donde estalló el motín, para escarmiento de esos malvados salvajes unitarios" 

Comunicación de Prudencio Ortíz de Rosas del día 15 de noviembre de 1839.

 El 7 de noviembre al atardecer la tropa federal festejó en la casa del hacendado Vicente Casco, supuesto amigo personal de Juan Manuel de Rosas y emparentado por la rama de los López Osornio. Luego de desató una verdadera cacería. Traiciones y delaciones aún dentro del seno de prestigiosas familias, tal fue el caso de Vicente Casco, descubierto como conspirador oculto, llevado a la comandancia de los Santos Lugares dónde fue sentenciado y fusilado. 

El Coronel Manuel Rico huyó hacia el Tuyú al frente de un grupo numeroso de hombres y se embarcó en naves francesas uniéndose al ejército de Lavalle en su campaña en Entre Ríos y en la de los años 1840 y 1841, la cual terminó con el fracaso y la muerte de Lavalle, del mismo Rico y de otros jefes militares . 

Los muertos fueron enterrados en el cementerio a orillas de la laguna, varios de ellos en la tumba de la familia Lastra, única que aún se conserva de aquel viejo cementerio, hoy Monumento Histórico Nacional. 




 
Reminiscencias del combate

Actualmente la llamada "Batalla de Chascomús" se evoca en muchos lugares de la ciudad. Calles del casco histórico denominadas Crámer, Lastra  y la avenida principal que cambió su nombre "Buenos Aires" para llamar "Libres del Sur . 

Al cumplirse el centenario de los acontecimientos se inauguró el Museo Pampeano y el Parque Libres del Sur. 



En el año 1929 fue inaugurado el monumento a Los Libres del Sur en la Plaza Libertad. Obra en piedra y bronce del escultor Luis Perlotti.


                   Maqueta de Luis Perlotti 
                   en el Museo Pampeano.



              Monumento a Los Libres del Sur
              de Luis Perlotti en Plaza Libertad. 


La casa de Vicente Casco es visitada por cientos de turistas por tratarse de una construcción colonial que se conserva intacta, habiéndose filmado en ella escenas de la película "Camila" de María Luisa Bemberg y además funciona en ella la sede del Instituto Historiográfico de Chascomús y de la Cuenca del Salado. 



        Familia Casco y sus vínculos con las 
        familias López Osornio y Ortiz de Rosas.

Un dato peculiar y llamativo es que en medio de tanta prominencia de vestigios unitarios y liberales, la calle de acceso a la ciudad de Chascomús lleva el nombre JUAN MANUEL DE ROSAS, eso sí, solo puede verse en el gps porque en ningún tramo está señalizada. Cómo si sólo se tratase de un reconocimiento obligado y a medias. 

La historia oficial nos cuenta otra versión de los hechos. Los guías de turismo de la ciudad de Chascomús, del Museo Pampeano y de la Casa de Casco cuentan una versión absolutamente liberal, engrandeciendo y mitificando la acción de los autoproclamados "Libres del Sur" como una heróica gesta contra la "tiranía" de Rosas. Cuando en verdad se trató de una revuelta originada sólo para satisfacer las necesidades del grupo de estancieros que, anteriormente, habían apoyado el gobierno de Juan Manuel de Rosas pero que se proclamaron en contra cuando se vieron obligados a cumplir con el pago de los cánones adeudados por la enfiteusis de años y años de beneficios y privilegios. Afortunadamente y cada vez con más frecuencia, el discurso de los guías, el libreto liberal repetido como loros, es cuestionado por las nuevas generaciones que, ávidas de saber e internalizar los procesos históricos no se conforman con explicaciones tendenciosas transmitidas de generación en generación. Éste ha sido y es el gran logro del Revisionismo Histórico. 


Bibliografía: 

Manuel Gálvez, "Vida de Juan Manuel de Rosas"

José María Rosa, "Historia Argentina. Tomo 4"

José María Rosa, "Rosas nuestro contemporáneo"

Experiencias y fotos personales. Febrero 2022.

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