La Cisterna. Sitio arqueológico. Moreno 550. Montserrat. CABA
Por Claudia Alejandra Heredia
El sitio y sus sucesivas transformaciones en el tiempo
Todo comenzó cuando, a mediados del año 2017, en la calle Moreno al 500, en pleno casco histórico de la ciudad de Buenos Aires, comenzaron las tareas de demolición para la construcción de un edificio de 14 pisos y dos subsuelos. Las excavaciones para los cimientos dejaron al descubierto una descomunal cisterna de 8,30 metros de diámetro externo, de unos tres metros de altura, revestida de paredes de ladrillos de un grosor de medio metro. Su función: la de almacenar agua, un bien preciado en la Buenos Aires colonial.
La cisterna como pieza fundamental constituye, por sus dimensiones, una de las más grandes de la región, representando un fuerte símbolo de prestigio social para la época, y si bien allí se encontraron importantes vestigios de nuestro pasado, el hallazgo no se limitó a la cisterna sino también al descubrimiento de cuatro pozos de balde (para extraer agua de las napas), otras dos cisternas pequeñas, cinco pozos ciegos, tres pozos de basura, una letrina y una olla de descarte, construidos cuando se levantó la vivienda, se calcula que a fines del Siglo XVIII. Ellos fueron depositarios, durante siglos, de testimonios de la historia urbana y social de la Buenos Aires colonial, un conjunto de 16.000 piezas que debieron ser clasificadas y restauradas para que hoy podamos descubrir a través de ellas las huellas de nuestro pasado.
La principal hipótesis que se maneja desde el centro de estudios arqueológicos es que, luego de un gran período de sequía que aconteció entre los años 1827 y 1832, el cual fue registrado por el naturalista Charles Darwin en su diario de viaje y al cual le sucedió otro período de grandes lluvias, es posible que Juan Manuel de Rosas, habitante de la casa en esos años, hiciera construir ésta cisterna como medida preventiva para acopio de agua.
Otra hipótesis, sostenida por el arquitecto Girelli propone que fue construida en el período que corresponde a la Casa de Gobierno de la Provincia, debido a los materiales que la componen.
¿Cómo se recolectaba el agua en Buenos Aires?
Durante la primera mitad de Siglo XIX, había dos tipos de sistemas para el autoabastecimiento de agua: el pozo de balde, que tomaba agua salobre de la napa; y el aljibe que lo hacía de una reserva subterránea que almacenaba agua de lluvia proveniente de azoteas y tejados, contenida en una estructura con techo en forma de bóveda, conocida como cisterna. El agua era conducida por caños enterrados bajo los patios que llegaban hasta la cisterna dividida en tres partes; las que limitaban con los bordes exteriores recibían el agua de lluvia y a través de unos huecos en la pared la vertían a modo de cascada que servía como método de oxigenación a la parte central donde se decantaba acumulándose los residuos en el circulo que vemos en el fondo. Tener pozo o tener aljibe y cisterna era la diferencia entre tener mas o menos prestigio entre los vecinos.
Los primeros que habitaron la casa fueron Felipe Arguibel y Andrea López Cossio, como lo indica el censo de 1778que describe a la pareja, sus nueve hijos y ocho criados esclavos, un total de 19 ocupantes. En un segundo momento Teodora Arguibel, quien hereda la casa de sus padres, se casa con Juan Ignacio Ezcurra y permanecen en la vivienda donde nacen nueve hijos, entre ellos María Encarnación Josefa Ezcurra. Las piezas halladas nos indican períodos y momentos, si observamos la materialidad de los objetos, su manufactura y los materiales podemos trazar una línea de tiempo que nos habla de como las sociedades se fueron transformando y complejizando a lo largo de los años, pasando del trabajo artesanal a la Revolución Industrial, del objeto único a la producción en serie, de la mesa sencilla a la multiplicidad de elementos para cada comida.
El Hogar Ezcurra -Rosas. La hora de comer, el té y las tertulias.
Desde 1813 a 1838 la casa se encontró habitada por el matrimonio Ezcurra-Rosas y se convirtió en el despacho oficial, ya que el Fuerte era un edificio muy venido a menos. Luego del fallecimiento de Encarnación Juan Manuel decide trasladarse al caserón de Palermo de San Benito, cuya construcción ya había concluido. De la época que habitaron el sitio de la actual Moreno 550, datan exquisitas porcelanas pintadas a mano y decoradas en oro, bebidas importadas, finos elementos que conforman el servicio de té y un amplio menaje en la vajilla. La técnica predominante es la impresión por transferencia, lo que permitió a quien pudiera costearlo crear sus propios modelos. los platos con la leyenda "Federación o Muerte" o "Viva la Federación" de un color rojo punzó, dan testimonio de ello.
La vajilla personalizada, traída de Europa, era símbolo de prestigio. Se encontraron de 48 a 60 piezas, con diferentes patrones decorativos, 20 platos, vasos (que se compartían entre los comensales), cucharas (el resto de los cubiertos son de época posterior), tazas de té, ritual introducido por los ingleses, una maravillosa teacup a la que solamente le falta la tapa, frascos de perfume, de líquidos farmacéuticos y para guardar agua bendita. también se hallaron pipas europeas y las manufacturadas localmente ya que eran caras de adquirir, botellas sopladas, con picos irregulares y una botella cuadrada que era la forma ideal para trasladarla en barco. Platos con un hueco para colocar un huevo y agregarlo a la sopa (huevo estrellado). Dato curioso: llegó también hasta nuestros días un huevo de pato.
La casa se transformaría durante un año en sede de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, luego allí funcionaría la Escuela Modelo Catedral al Sur, Sede de Correos y Telégrafos hasta que a comienzos del 1900 la propiedad es comprada por los hermanos Raggio quienes demuelen la casona para convertirla en un conventillo de estilo italianizante. De estas épocas encontramos juguetes: trompos, canicas, una flauta, un cañoncito y botellas de los habitantes del lugar.
El conventillo existió hasta 1970, cuando fue demolido para convertirse en playa de estacionamiento, hasta ser adquirido para la construcción del edificio de 14 pisos que mencionaba al comienzo y que tuvo que retrasarse y resignar el espacio para el trabajo de los arqueólogos que, en un año, extrajeron 16.000 piezas que dan testimonio de nuestra cultura, reconstruyen nuestra identidad y enriquecen el saber colectivo.

























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